Así es la lucha nuestra

El asesinato de Camilo desnudó a una policía corrupta y acostumbrada a crear montajes para justificar sus atrocidades, amparados en la herencia dictatorial y la política del “enemigo interno” heredada de la dictadura, pero hábilmente continuada por la concertación y Nueva mayoría. Nunca mas se supo de las supuestas profesoras que había sido asaltadas. Jamás el senador Kast asumió la responsabilidad de afirmar “haber visto imágenes” de un enfrentamiento que nunca sucedió. Se comprobó que diversos agentes de la policía falsearon sus relatos, borraron imágenes de cámaras institucionales, destruyeron evidencia, obtuvieron relatos bajo tortura y más; todos antecedentes de lo que ya es una política institucionalizada del Estado de Chile en Wallmapu: el uso y abuso de la violencia del estado como instrumento político para enfrentar la disidencia.

por Pavel Guiñez Nahuelñir

Imagen / Protesta pueblos indígenas, noviembre 2019, Paulo Slachevsky. Fuente.


En la época de lluvias este río es fiero, un látigo marrón, un temblor fuera de cauce, es todo fuerza.
No viene su poder de la lluvia que cae en sus riberas, son los arroyos que bajan de la montaña los que lo alimentan.
Destruyendo, el río reconstruye la tierra

«Así es la lucha nuestra», me dice, y se dice el viejo Antonio.
«En la montaña nace la fuerza, pero no se ve hasta que llega abajo».
(El Viejo Antonio: En la montaña nace la fuerza)

 

Este 14 de noviembre se cumplieron 2 años del asesinato de Camilo Catrillanca, tenía 24 años y dos hijas, una de 6 años y una en gestación de 7 meses, era hijo, nieto, hermano y compañero de su compañera. Este noviembre también se cumplieron 18 años del asesinato de Alex Lemun de 17 años. Ambos responsables, Carlos Alarcón Molina y Marco Aurelio Treuer, respectivamente, fueron dados de baja con un sueldo de por vida y una indemnización millonaria y por supuesto sin condena efectiva, sale barato matar un mapuche en chile.

El asesinato de Camilo desnudó a una policía corrupta y acostumbrada a crear montajes para justificar sus atrocidades, amparados en la herencia dictatorial y la política del “enemigo interno” heredada de la dictadura, pero hábilmente continuada por la concertación y Nueva mayoría. Nunca mas se supo de las supuestas profesoras que había sido asaltadas. Jamás el senador Kast asumió la responsabilidad de afirmar “haber visto imágenes” de un enfrentamiento que nunca sucedió. Se comprobó que diversos agentes de la policía falsearon sus relatos, borraron imágenes de cámaras institucionales, destruyeron evidencia, obtuvieron relatos bajo tortura y más; todos antecedentes de lo que ya es una política institucionalizada del Estado de Chile en Wallmapu: el uso y abuso de la violencia del estado como instrumento político para enfrentar la disidencia.

Ello explica quizás la multitud de banderas wenu foye que emergieron desde el 18 de octubre de 2019 por miles de chilenos, como emblema de la voluntad imperiosa de luchar por un mañana distinto. Quizá responde también a la incesante búsqueda de una vertiente de donde obtener la esperanza de un mañana distinto y colectivo que no entregan los actuales proyectos políticos. Sumergidos en las lógicas electorales y distanciados fatalmente de la gente, debatiendo cupos electorales, repartiéndose distritos, discutiendo si escaños reservados o no; mientras en la superficie flotan y se mezclan multitud de luchas y necesidades urgentes e importantes que les trascienden, pero no vemos el árbol gracias a la excesiva preocupación por ver el bosque.

Sin duda, el asesinato de Camilo reabrió numerosas heridas en una sociedad cansada de los abusos, con un séquito de luchadores sociales asesinados en 30 años de democracia tutelada, centenares de presos políticos mapuche desde que se implementara la operación paciencia por Ricardo Lagos en 1997 y que solo contribuyó a profundizar el conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche extendido hoy a todo wallmapu. Hoy a esos presos políticos se suman todos los de la revuelta en quienes se aplica la prisión preventiva, sin pruebas, con relatos de oídas, testigos sin rostro y cuestionables policías, usando la prisión como castigo político, para que sepan las consecuencias de cuestionar al poder.

Los desafíos que tienen las fuerzas transformadoras, abiertos gracias a los crímenes y dolores acumulados en la historia reciente de nuestros pueblos, son tan grandes como la humildad que se requiere para enfrentarlos. En eso, el proceso constituyente en marcha, con todas sus amenazas, puede ser también nuestra mayor fortaleza en el momento actual para subvertir, al menos, la posición de ese 80% que no posee más que su fuerza de trabajo para sobrevivir en el chile actual.

Es inútil recordar con dolor el asesinato de Camilo si no se acompaña de los esfuerzos mancomunados de todos y todas quienes habitamos Chile, con todas las diferencias que tengamos para construir puentes de confianza mutua, sentando así las condiciones para un nuevo Chile donde podamos vivir y no sobrevivir. Esas condiciones hablan de unidad estratégica entre pueblos para enfrentar a un enemigo común: el neoliberalismo. Hablan de organizaciones políticas y sociales articuladas en torno a esa unidad estratégica antineoliberal; no solo como vocación electoral, sino sobre todo como trabajo con y en organizaciones sociales. Los esfuerzos particulares conectados con objetivos comunes colectivos que nos permitan fortalecer la musculatura de un pueblo que despertó y que no puede volver a dormir en el ajetreo citadino de las jornadas extenuantes y los viajes eternos. Hay que construir las condiciones para hacernos cargo de nuestro destino como pueblos. No es fácil andar coleccionando mártires como quien reúne estampillas, es doloroso el álbum de la memoria sobre todo cuando no es combustible para nuevos desafíos. Ninguno de los nuestros puede ser solo recuerdo en la memoria del pueblo sin ser semilla para un nuevo mañana.

Que ninguna muerte sea en vano.

Pavel Guiñez Nahuelñir

Dirigente de la FENPRUSS, Concepción.