Carmen Berenguer, la jinete invisible

Carmen Berenguer nace en este país que entrega el premio Nacional de Literatura a Gabriela Mistral seis años después de haber recibido el premio Nobel. Aún así, o por eso mismo, en 1987 decide fundar el Primer Congreso de Literatura Femenina, congregando a narradoras de todo el territorio nacional para hacerse preguntas como ¿qué ha ocurrido en Chile con éstas, y cuál es su lugar en este país?, ¿qué pensamos como escritoras?, ¿existe, y si es así, qué caracteriza a la escritura realizada por mujeres?

por Camila Alegría Z.

Imagen / Retrato de la poeta Carmen Berenguer, 2015, Rodrigo Fernández en Wikimedia. Fuente.


Historiadoras, investigadoras, curadoras y artistas llevan tiempo desentrañando los mecanismos de invisibilización de las mujeres y disidencias en el despliegue institucional y autogestionado de las artes visuales locales, cuestión que se suele relacionar a la cultura de los siglos pasados aunque evidencia su persistencia en el desarrollo del arte contemporáneo. Evidenciar el complejo entramado de los mecanismos, significados y lecturas de estas obras anteriores y presentes es un ejercicio necesario para cualquier compromiso con la expresión de las comunidades subalternas. Revista ROSA reproduce aquí el ensayo de Camila Alegría, artista e investigadora en arte contemporáneo, publicado originalmente en el espacio de crítica de arte El Gocerío, en que se destaca la presencia de la poeta Carmen Berenguer en la conformación y desarrollo artístico del colectivo Yeguas del Apocalipsis, apegado a su rol en la expresión cultural del movimiento por los derechos homosexuales desde los años ochenta.

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Hay un ejercicio que hacen las Guerrilla Girls que es estremecedoramente sencillo: publicar listas con nombres de artistas mujeres. Y no solo es estremecedor sino también pertinente sobre todo en esta era digital, porque, ¿cómo buscamos aquello que no sabemos cómo se llama?

Hace algún tiempo me dispuse a investigar acerca del colectivo chileno Las Yeguas del Apocalipsis y el nombre de la poeta Carmen Berenguer como fundadora del proyecto –junto a Pedro Lemebel y Francisco Casas- no aparece por ningún lado. Como dice Virginia Woolf por ahí, las mujeres nos hemos dedicado a ser espejos del hombre, espejos distorsionados, de esos que alargan o engrandecen a las figuras que se reflejan, y hemos aceptado la condición de no figurar, sino de espejear. Y Carmen Berenguer decide no figurar. Carmen Berenguer decide no subirse a ese caballo que irrumpe en una Universidad de Chile en toma el año 1988, a pesar de las insistencias de Lemebel, porque, en un acto de humildad, entiende también que esos cuerpos – esos jinetes desnudos, esa voz de la disidencia – son urgentes para la escena local. Y también entiende que tres jinetes en un caballo habría significado maltratar a la yegua de feria que se preocupó de conseguir.

Yeguas del Apocalipsis, “Refundación de la Universidad de Chile”, 1988. Archivo Yeguas del Apocalipsis.

Carmen Berenguer nace en este país que entrega el premio Nacional de Literatura a Gabriela Mistral seis años después de haber recibido el premio Nobel. Aún así, o por eso mismo, en 1987 decide fundar el Primer Congreso de Literatura Femenina, congregando a narradoras de todo el territorio nacional para hacerse preguntas como ¿qué ha ocurrido en Chile con éstas, y cuál es su lugar en este país?, ¿qué pensamos como escritoras?, ¿existe, y si es así, qué caracteriza a la escritura realizada por mujeres?

Mantiene una amistad duradera con Pedro Lemebel y se cruza con poetas como Nicanor Parra, Jorge Teillier y Néstor Perlonguer. Lamenta haber consumido más referencias masculinas que femeninas -“leímos mucho la masculinidad literaria”- y afirma haber leído toda la poesía chilena. Toda, toda, toda, repite. Gana el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, y algunos años después la Beca Guggenheim con su texto “Naciste Pintada”. Es postulada en dos ocasiones al premio Nacional de Literatura. Ese premio que ha destacado a sólo tres mujeres en sus 100 años, recuerda Carmen.

Cuando me encontré con una entrevista de la poeta que habla acerca de las fundaciones del atómico colectivo, de esas míticas Yeguas, no pude dejar de pensar en esa constante de nombres olvidados, omitidos. Recordé el ejercicio de las Guerrilla Girls y pensé en la importancia de nombrar; en la responsabilidad que tenemos como comunidad al momento de traspasarnos información, de contarnos esas historias. Pensé en lo necesario que es admitir que existe un patrón que olvida u omite algunos nombres; un patrón que duda del verdadero aporte de algunas personas, siendo esos nombres y esas personas, en su mayoría, mujeres o disidentes. Y pienso entonces en la extrema responsabilidad y cuidado que debemos poner al momento de investigar, incluso al tratarse de un proyecto tan épico e indiscutible como Las Yeguas del Apocalipsis.

Esos jinetes desnudos, la yegua y la poeta que les guía, no están solo irrumpiendo en la Universidad de Chile, sino que están exigiendo entrar a la Historia de un país. Están haciéndose cabida en un contexto que no tenía entrada para elles, y por lo mismo rompieron un muro e inventaron una puerta. Esa entrada, instalada en la retina de generaciones y generaciones, nos recuerda la pregnancia de las imágenes y, por lo tanto, nos afirma la relevancia de las artes al momento de construir Futuro, sobretodo en esos momentos en que la palabra futuro se torna tan difusa.

La incidencia de Las Yeguas del Apocalipsis en la Historia visual, intelectual y política de nuestro país no está ni cerca de acabarse. Basta pensar en el diálogo que sucede con La Yeguada Latinoamericana -proyecto de performance creado y dirigido por Cheril Linett-, que de alguna manera continua la conversación que inician Berenguer, Lemebel y Casas, ahondando en espacios y estéticas de resistencia de las disidencias de hoy.

Seguiremos en las décadas que vienen escribiendo, analizando y conversando acerca de Las Yeguas del Apocalipsis; entonces exijamos, en pos del ideario del colectivo mismo, y en contra de cómo se nos ha relatado sistemáticamente esa Historia, que no nos olvidemos de nombrar a Carmen Berenguer, la jinete invisible.

Camila Alegría Z.

Artista visual, investigadora y docente. Es Máster en Creación Artística Contemporánea por la Universidad de Barcelona, y actualmente desarrolla el proyecto @reescribirlahistoria, Instagram dedicado a la aportación de mujeres y disidentes en el ámbito de la Historia del Arte.