De gobernadores y delegados

Durante el periodo autoritario se “indicaba que el ejercicio del poder delegado, pero debidamente supervisado, robustecería al sistema nacional al convertirse en decisiones y acciones que a través de resultados apoyarán su gestión y acrecentarán su base de sostenimiento”. Hasta hoy la situación de las regiones es más o menos similar, pero con una nueva ingeniería que nadie conoce certeramente: la elección de los Gobernadores, un verdadero puzle aun no resuelto por las calculadoras parlamentarias y municipales.

por Rodolfo Quiroz

Imagen / mapa Chile – Argentina, 1888. Fuente: Wikipedia.


Corría el año 1999 y José Antonio Viera Gallo, en su calidad de presidente de la Cámara de Diputados, sostenía que la regionalización diseñada en el periodo militar había adquirido plena legitimidad política producto la democratización de los municipios. No obstante, frente a un posible escenario democrático a un nivel regional su posición era gramáticamente diferente. En sus palabras, un eventual gobierno regional sería “un problema bastante difícil” pues “resulta muy difícil que un Gobierno central, que gobierna todo el país, en un Estado unitario, decida de buenas a primeras pasar una parte sustantiva del territorio a un gobierno de la oposición. Eso, en forma absoluta, no existe en ningún país del mundo, pues significaría en la práctica que grandes regiones del país estarían gobernadas por la oposición, cualquiera que sea el Gobierno que esté en Santiago. Luego, eso también va a ser algo extremadamente difícil que alguien lo implemente, porque no se conoce en política ese acto de desprendimiento del cual un Gobierno dice: ‘sabe qué más, estas distintas regiones yo se las paso a mis adversarios’” (Viera-Gallo, 1999, pp. 382-383).

Más allá del falso argumento de que “no existe en ningún país del mundo” un gobierno regional de la oposición (situación normal de cualquier sistema territorial liberal que divide sus poderes democráticos nacionales, subnacionales y locales, ya sea unitario o federal), lo que me interesa destacar es cómo el núcleo dirigente del país naturalizó la idea de unitarismo a una forma política territorial escasamente democrática, burocráticamente presidencialista y funcionalmente autoritaria. Y obviamente eso va mucho más allá de la posición particular de Viera Gallo, pues representa un pensamiento político transversal de los partidos chilenos que, tal vez, sea más creativo y reaccionario dentro de las coaliciones gobernantes exitosas, como alguna vez fue la Concertación y que por estos días rebota en el grupo circular de Piñera.

En efecto, hace veinte años un dirigente político relevante como Viera-Gallo podía decir tranquilamente, y sin pudor alguno, que era ridículo democratizar las regiones (“sabe qué más, estas distintas regiones yo se las paso a mis adversarios”). Hoy, si bien las condiciones cambiaron, aún continúan ciertas estructuras y lógicas de nuestra historia. Como bien explica la geógrafa brasileña Iná Elias de Castro, es en el proceso histórico de la resolución de los grandes conflictos cuando los intereses de los grupos de poder se territorializan, elaborando ingenierías políticas que buscan acomodar negociaciones y establecer alianzas para todo el territorio. Se establecen así formas políticas territoriales del Estado, como nuestras regiones, que son “importantes por revelar el proceso histórico de formación de los intereses territorializados” (Castro, 2014, p. 130).

Lejos de una resolución conflictiva o de una crisis, la discusión de los gobernadores regionales se estableció a partir de una negociación parlamentaria que nunca cuestionó el pacto burocrático regional previsto en la Constitución de 1980. Más aun, reforzó sus estructuras con la “resucitación” de la figura de los delegados presidenciales en regiones, una práctica territorial de signo absolutista que viene de la Ley de Régimen Interior de 1844, cuando se establece que el Intendente es el representante natural del Presidente en la provincia. Una delegación que sobrevivió todas las direcciones políticas ocupantes de La Moneda en los últimos 100 años bajo distintos instrumentos y prácticas. Por otro lado, las supuestas inconsistencias de las nuevas tareas regionales de los Gobernadores versus Delegados cabe destacar que fueron originalmente diseñadas y vigiladas por la SUBDERE del segundo gobierno de Bachelet y sus críticas al Informe de la Comisión Presidencial de Descentralización. Por tanto, no se trata solo de la escasa voluntad actual del Subsecretario o la nula voluntad de la UDI. Hay algo mucho más profundo y de larga duración que corroe y permea a toda la institucionalidad política del país cuando se trata de cuestionar el pacto político territorial.

Gobernadores de cartón” decía ingeniosamente una nota de El Mostrador en relación a las inconsistencias del actual Subsecretario y las posibles contradicciones del actual diseño de autoridades paralelas y competitivas a nivel regional: una autoridad democrática y otra autoridad delegada. No obstante, el problema no tiene que ver con las tareas de la SUBDERE o las incongruencias del Subsecretario. El problema es mucho más profundo y se reproduce una y otra vez, sin que podamos verlo. Es la hipocresía del unitarismo que orgánicamente funciona como autoritarismo. En Chile la estructura de pensamiento político de Estado unitario se basa en la negación de los derechos liberales más básicos del sistema territorial moderno y nadie dice nada, como en la canción de Redolés. Durante el periodo autoritario se “indicaba que el ejercicio del poder delegado, pero debidamente supervisado, robustecería al sistema nacional al convertirse en decisiones y acciones que a través de resultados apoyarán su gestión y acrecentarán su base de sostenimiento” (Arenas et. al., 2007, p. 356). Hasta hoy la situación de las regiones es más o menos similar, pero con una nueva ingeniería que nadie conoce certeramente: la elección de los Gobernadores, un verdadero puzle aun no resuelto por las calculadoras parlamentarias y municipales.

Las múltiples resistencias al modelo democrático regional –desde la SUBDERE a los partidos del orden– son también permanencias históricas que suponen el rechazo de la soberanía popular regional y el miedo a una intermediación con menos poder hegemónico del centro. La plataforma de todo este diseño político escasamente democrático de los nuevos gobernadores fue y sigue siendo la base técnica de las cúpulas centrales de los partidos tradicionales que teóricamente deberían defender la democracia en todos los niveles posibles, pero que, en la práctica, profundizan una forma política territorial escasamente democrática, burocráticamente presidencialista y funcionalmente autoritaria. El particular centralismo chileno circula en los diferentes grupos de poder político y económico, pero va más allá, pues opera como dispositivo autoritario en toda la estructura política vigente: parlamento, judicial y ejecutivo. De ahí que cualquier alternativa posible deba construir otra red política al interior y fuera del Estado.

¿Cuándo será el día que los gobernados piensen como gobernadores y los gobernadores dejen de ser designados? Probablemente cuando el unitarismo del Estado pueda ser democratizado sistemáticamente y cuando el nuevo pacto regional se firme a partir del encuentro abierto de las diferencias políticas y sus múltiples actores, más allá de las cúpulas y los partidos de siempre.

 

 

Bibliografía

Arenas, Federico, Rodrigo Hidalgo, Arturo Orellana, Gastón Aliaga. “Propuesta de nuevos criterios para redefinir unidades político administrativas regionales en Chile”. En SUBDERE. Camino al Centenario. Propuestas para Chile. Santiago: Ministerio del Interior, Subsecretaria de Desarrollo Regional, 2007, pp. 349-374.

Castro, Iná Elias de. Geografia e Política. Território, escalas de ação e instituições. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil, 2013.

Viera-Gallo, José. “Política y regionalización”. En ILPES. Instituciones y actores del desarrollo territorial en el marco de la globalización. Santiago: ILPES, Universidad del Bío-Bío, 1999.

Rodolfo Quiroz
+ ARTICULOS

Académico del Departamento de Geografía, Universidad Alberto Hurtado