Camioneros: Dictadura y Poder Prostituyente

Sin esgrimir defensa alguna en favor de las formas más propias del patriarcado embrutecedor, lo “asqueroso”, “cosificador”, “indigno” que se les atribuye a “ellos”, toca directamente a las trabajadoras sexuales y el adjetivo “prostituyente” niega, además, la posibilidad de que esas trabajadoras pudieran haber sido cuentapropistas, es decir, que el pago total de ese servicio haya ido en directo beneficio de ellas y no a manos de un tercero, prostituyente, que puede fácilmente más de la mitad, porque sí y lo más probable es que haya sido así dada las condiciones del ejercicio del trabajo sexual en Chile que opera bajo un manto de clandestinidad. Pero, claro, pareciera que poner el acento en ello sería estar promoviéndolo, como si no existiera.

por María José Clunes S.

Imagen / Enfrentamientos entre camioneros y manifestantes, Santiago, 2015. Fuente: Luis Hidalgo.


Vivir en Chile da la sensación de tropezar con la piedra dos veces, una y otra vez, al tiempo que salta a la vista que, al parecer en todo, las segundas partes son más desabridas.

El paro de camioneros de 1972 constituyó un acto sedicioso, movido por altos intereses articulados para la desestabilización de la prometedora hazaña que desplegaba la Unidad Popular en el poder del Estado de Chile, nunca antes vista, en la construcción de poder popular desde aquel triunfo hace 50 años, o decalustro1, que recién se cumplen por estas fechas; de sobra se ha documentado el impacto que tuvo esta estrategia para articulación de la patronal chilena e intereses extranjeros en bloque para implementar su estrategia golpista y derrocar la soberanía del pueblo chileno en manos de Salvador Allende.

Aun cuando sirva para palpar la idea de otro Chile posible, la conmemoración de los 50 años del inicio de un proceso de realización de una pulsión país, tan distante y diferente, hace ver que el presente alcanza poco para ensoñarse con lo que no fue, ya que el refrito de la historia en el Chile actual está por decir lo menos confuso. El “Sí” es el “No” y el “No” es el “Sí” y las piezas se mueven con presteza.

La revuelta de octubre trajo consigo una estrategia represiva del Estado que parecía acercarnos a lo más próximo imaginable en torno a una Dictadura encubierta, toque de queda, asesinatos, mutilaciones; permitiendo mirar con profunda tristeza lo que significó para una generación vivir diecisiete años en esas condiciones, activando una memoria emotiva de pueblo, que probablemente ha reconectado generaciones, ya que por falta de Historia en las aulas y exceso de neoliberalismo como modelo, ha existido una omisión en torno a esta historia y a estos procesos, que probablemente recién desde octubre, generaciones más jóvenes han podido palpar y comprender, en las calles y con sus propios prismas.

La pandemia contribuye con la intensa crisis económica, política y social desatada que presenciamos en nuestro territorio, que discurre varios velos sobre los intereses puestos en juego en cada uno de estos ámbitos, al mismo tiempo que rebrotan ollas comunes, redes solidarias de apoyo mutuo para sostener la vida en las precarias condiciones que establece el modelo, procesos que cuentan con una campaña electoral por un plebiscito a realizarse en menos de dos meses como corolario, que contiene la vía para canalizar lo detonado a partir de octubre 2019.

La historia no se repite, pero si el repertorio fuera el mismo ¿a qué golpe antecede esta maniobra bufonesca del paro de conductores mandatados por dueños de camiones? Cuesta pillar la hebra, lo que sí se percibe es este texto es un abismante silencio, tal como ocurre en Chile: Wallmapu.

Y es que trayendo a colación a los habitantes por derecho ancestral de este territorio, las movidas de piezas y revivals históricos de hitos winkas, cobran un sentido diferente y adquieren una mayor insignificancia. Puesto que, en una porción importante de la población de esta angosta y larga faja de tierra, la criminalización, represión, tortura y muerte, nunca ha cesado; y el pacto constitucional que se sellará en octubre con muestras de destrezas de la pirotecnia del activismo político electoral, arriesga su legitimidad si se lleva adelante con una zona del país altamente militarizada y con sus habitantes bajo amenaza. A partir de ahí, se debieran considerar las posibilidades de imaginar un nuevo Chile o no.

Como en medio de la puesta en escena del facherío recalcitrante que conforman el micro gremio de dueños de camiones que ha protagonizado este indignante paro, en medio de una crisis social y con complicidad de las fuerzas de seguridad del Estado, se viralizó un registro de trabajadoras sexuales prestando servicios en uno de sus jolgorios en pleno toque de queda, obstruyendo vías esenciales, resta hablar acá del “prostituirse”, y dejo este tema al final, porque sin duda que constituyó la guinda de la torta de este acto de matonaje.

“Camioneros: terroristas y prostituyentes” se replicó varias veces, tras un hashtag feminista de dudoso a inexistente alcance político fuera de las redes sociales, pero instaló una idea. De más está enumerar los infinitos cruces de mitos y tabúes sexuales esparciéndose por doquier por estas mismas redes sociales, donde inclusive aliades a la lucha de las trabajadoras sexuales se vieron superadas sus capacidades de intelección del entrecruce de factores; aunque, por otro lado, esto da cuenta de un acuerdo, en Chile y en el feminismo chileno, el poder se le concede a un ‘otro’, al prostituyente, al camionero.

Resulta necesario volver entonces sobre el “prostituirse” y a sus derivas como concepto que señala “estar delante”, “exhibirse”, “ponerse en evidencia”, “situarse para la venta”; que bien clara que queda esta acepción para el caso de las mujeres envueltas en esta cortina de humo, en este contenido propio de Morandé con compañía multiplicado miles de veces sin resguardo a la identidad de sus protagonistas ¿o no son ellas las protagonistas? Al parecer la forma de blanquearse el feminismo abolicionista es apuntar esta vez a “ellos”, concentrando en la figura masculina –como si fuera novedosa esa perspectiva en nuestra cultura- señalando lo bajo y ruin de sus acciones y desde Fundación Margen, organización que nuclea a las trabajadoras en Chile, han sido enfáticas en los peligros de la penalización de los clientes (que pueden ser de camioneros a monjas) y el recrudecimiento de las condiciones de clandestinidad en los países que se aplica esta normativa.

Sin esgrimir defensa alguna en favor de las formas más propias del patriarcado embrutecedor, lo “asqueroso”, “cosificador”, “indigno” que se les atribuye a “ellos”, toca directamente a las trabajadoras sexuales y el adjetivo “prostituyente” niega, además, la posibilidad de que esas trabajadoras pudieran haber sido cuentapropistas, es decir, que el pago total de ese servicio haya ido en directo beneficio de ellas y no a manos de un tercero, prostituyente, que puede fácilmente más de la mitad, porque sí y lo más probable es que haya sido así dada las condiciones del ejercicio del trabajo sexual en Chile que opera bajo un manto de clandestinidad. Pero, claro, pareciera que poner el acento en ello sería estar promoviéndolo, como si no existiera.

En todos los casos, las trabajadoras sexuales no son visibles, siendo ellas las más aporreadas. Sin embargo, algo se cuela en la moralina maternalista desatada y este poder prostituyente que se otorga a los camioneros y es que queda claro que las que están delante y son soberanas en esta historia son las trabajadoras sexuales, aun cuando deban pagar a un intermediario, pero ¿y el resto de los comensales? Camioneros, pacos, empresarios, políticos, medios de comunicación ¿quién de ellos puede hablar de soberanía? Y en la izquierda ¿cómo andamos? ¿Será que esta rápida respuesta abolicionista al hecho noticioso de dos mujeres trabajando en la carretera (que es como se trabaja con el gremio de camioneros obviamente) que niega la capacidad de decisión, que pone el poder en otro, nos habla de una fuerte costumbre a depender y a tener que actuar siempre en función de los intereses de ‘otro’? Complicado no saber hasta qué punto estos poderes prostituyentes operan en el país, más aún de cara a un plebiscito supuestamente refundacional de las bases del Estado de Chile. Habrá que ver, al igual que en el debate por la regulación del trabajo sexual, si aquellos que operan en las sombras están dispuestos a transparentar sus negocios e intereses, y así con todos los elementos sobre la mesa, poder pensar en la reconfiguración de este horroroso Chile.

 

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1 Del prefijo deca- (“diez“) y lustro. Del latín lustrum (“sacrificio expiatorio“), porque las purificaciones rituales se hacían cada cinco años.

María José Clunes Squella
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Licenciada en Sociología, Universidad de Chile; y Magíster en Afectividad y Sexualidad, Universidad de Santiago de Chile. Desde 2012 integra la organización de trabajadoras sexuales en Chile, Fundación Margen de Apoyo y Promoción de la Mujer.