Apuntes sobre el escenario post 7/M. Lo bueno, lo malo y algunas orientaciones políticas para el futuro

El día 7 de mayo se puso en juego una tesis política según la cual, para atraer a un sector de la ciudadanía crecientemente desencantada con el Gobierno, era necesario moderar o ceder aspectos del programa que no estaban haciendo sentido, pues no respondían a las necesidades cotidianas de las mayorías. Siguiendo esa lectura, nos sumergimos a nadar en los diagnósticos de la derecha y enarbolamos sus banderas, suponiendo que eso generaría adhesión. Dicha lectura de la realidad quedó fuera de juego.

por Amapola Juica.

Imagen / Plebiscito en Chile, 2021. Fuente: Mediabanco.


Partamos por lo malo

  • Primero, lo evidente: hoy la derecha por sí sola tiene escaños suficientes como para escribir la nueva Constitución por sí sola, sin necesidad de negociar con nadie. Se repite el mismo escenario de la fracasada Convención Constitucional, a la inversa, y con mucha más participación electoral.
  • La división de las listas oficialistas demostró ser un error estratégico de proporciones. Algunos cálculos sugieren que, de haber ido en conjunto, la izquierda y sus derivados podría haber obtenido entre 3 y 5 escaños más, alcanzando al menos los 2/5 para tener poder de veto y forzar a la derecha a negociar.
  • En el mejor de los casos podríamos mantener los elementos esenciales de la Constitución de Pinochet; en el peor, podríamos retroceder a elevar a rango constitucional algunos pilares del modelo, como son las AFP o las ISAPRE.
  • Es ilusorio esperar que la derecha sea políticamente generosa y “no cometa los mismos errores que nosotros”, como dijera el Presidente Boric. Quien tiene el poder lo va a ocupar, a menos que haya algo que se lo impida. Tampoco hay motivos para creer que la “centro” derecha será una bisagra dispuesta a dialogar con la izquierda, considerando que las elecciones habrían expresado su conservadurismo en las urnas. La tentación a volver a derechizarse es muy grande; solo el temor a un nuevo estallido social podría retener a algunos/as.

Lo bueno (o lo menos malo)

  • El día 7 de mayo se puso en juego una tesis política según la cual, para atraer a un sector de la ciudadanía crecientemente desencantada con el Gobierno, era necesario moderar o ceder aspectos del programa que no estaban haciendo sentido, pues no respondían a las necesidades cotidianas de las mayorías. Siguiendo esa lectura, nos sumergimos a nadar en los diagnósticos de la derecha y enarbolamos sus banderas, suponiendo que eso generaría adhesión. Ejemplo inequívoco de dicha tesis es la ley Naín-Retamal y los millones de dólares para armar a Carabineros hasta los dientes.
  • Dicha lectura de la realidad quedó fuera de juego. El aplastante triunfo del Partido Republicano demuestra que nuestro intento por llevar el programa al centro sólo le aportó votos a la derecha. Al insistir que el problema de la seguridad se soluciona con “mano dura” le dimos la razón a José Antonio Kast, sin incrementar ni un centímetro nuestra base electoral propia.
  • Por otra parte, los sectores más representativos de esa tesis centrista (Todo por Chile) fueron vetados de la oportunidad de redactar la nueva Constitución, demostrando que su lectura no tiene eco en la sociedad: no existe ese centro político al cual dicen convocar. Por el contrario, los sectores que -en teoría- representan convicciones de izquierda más robustas, se erigen como representantes inequívocos del sector.

Lo que viene

  • En otras palabras, la salida está en darle profundidad a los elementos programáticos que nos llevaron al Gobierno, y no pretender enarbolar banderas ajenas, que evidentemente nos quedan incómodas y resultan inverosímiles para la ciudadanía. Sin duda alguna debemos evitar ser inflexibles: siempre se debe leer asertivamente la realidad, y adecuar aquello que debe ser adecuado frente a las circunstancias concretas en que se despliega la estrategia política. Pero ello no es sinónimo de abandonar el barco. La tarea está en abocarnos en construir hegemonía propia. Convencer, una vez más, que las propuestas de la izquierda llevan de mejor manera al bienestar y la paz: que la solidaridad es mejor que el individualismo, y que la justicia es mejor que la delirante distribución de mercado.
  • La buena noticia en todo esto es que tenemos una de las herramientas políticas más poderosas de todas: el pueblo de Chile nos confió la responsabilidad de administrar el aparato del Estado. No tendremos el parlamento, ni la constituyente. Pero podemos hacer gestión de manera innovadora, creativa, incansable, bien articulada con las organizaciones sociales de base, como siempre lo hemos hecho. Con esa herramienta a disposición, debemos desplegarnos sin tregua para demostrar resultados, pero no en un sentido neoliberal como simples indicadores de desempeño, sino que priorizar aquellos elementos que nos permitan evidenciar por qué es más conveniente tener esperanza que tener miedo.
  • Hoy la tarea de los Consejeros y Consejeras electas es identificar mínimos civilizatorios para que esta nueva Constitución valga la pena de ser aprobada, y negociar con quien sea necesario para alcanzarlos. Entre ellos: que incorpore mecanismos de reforma y derogación políticamente viables; terminar con las Leyes Orgánicas Constitucionales; podría haber otros. Si no logramos lo anterior, la nueva propuesta sería aún peor que la actual, y con ello nos veremos en la disyuntiva de llamar a rechazar, lo que sería una postura a todas luces incongruente, habiendo sido escrita de manera ‘democrática’ (¿acaso preferimos a Pinochet por sobre Kast?).
  • Hay potencial de crecimiento. Los nulos y blancos bordearon el 20%. Hace falta profundizar en las características de este voto; sería difícil –ilusorio, incluso- atribuirle esos votos a la campaña de la izquierda extra institucional. Es más factible que sean sectores desinformados y desencantados que prefirieron ir a votar nulo que pagar la multa. Sin embargo, sabemos con certeza que, a pesar de que la derecha tenía todas las condiciones para capitalizar el descontento, no logró convocar a esos/as votantes. Por ende, es posible que en buena parte sean votantes disputables por nuestro sector, si logramos demostrar que somos capaces de impactar positivamente en sus existencias.